Empieza el paseo en la Rambla Nova, el gran eje del centro, y asómate al Balcón del Mediterráneo para entender por qué la ciudad vive mirando al mar. Desde aquí, adéntrate en la Parte Alta: calles estrechas, plazas con ambiente y la Catedral de Tarragona como punto culminante del casco antiguo. A pocos pasos, el pasado romano toma el protagonismo.
Tarragona fue Tarraco, una de las ciudades más importantes de Hispania, y su conjunto arqueológico está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Reserva tiempo para contemplar el Anfiteatro romano, junto al litoral, e imaginar los espectáculos que acogía, y continúa hacia el Circo romano, integrado en el tejido urbano. Entre ambos, aparecen otros rincones arqueológicos y museos que ayudan a poner contexto al legado de Tarraco.
Si te apetece un plan completo, combina miradores, barrio histórico y vestigios romanos en una ruta de medio día o de jornada completa, parando a tomar algo en el camino. Por la tarde, vuelve al centro para alargar el paseo entre tiendas y terrazas. Al final, Tarragona se disfruta sin prisas, también al atardecer.